Las necesidades de nuestra empresa cambian, al igual que los perfiles que tenemos dentro del equipo. Elegir entre un perfil sénior o un perfil júnior depende de la evolución de nuestra empresa, es decir, de la evolución de nuestro equipo. También es cierto que combinar estos dos tipos de perfil es la opción más interesante porque cuantos más puntos de vista diferentes tengamos, más amplio será el público al que lleguemos.

¿Qué es un perfil júnior?

Un perfil júnior es aquel que necesita cierta supervisión porque aún no tienen la autonomía necesaria para poder tomar decisiones, por lo que el sueldo también es menor. Sin embargo, son perfiles con una inmersión tecnológica importante, son proactivos, están implicados con la empresa cuando conectan con ella y tienen una alta capacidad de aprendizaje.

Además, tienen una nueva mentalidad y se adaptan mejor a la empresa porque tienen menos años de experiencia y no han sido moldeados por otra.

¿Qué es un perfil sénior?

Un perfil sénior tiene mucha más experiencia que un perfil júnior. Es un perfil con varios años de carrera y experiencia a sus espaldas y que, por lo tanto, ni necesita supervisión ni formación extra. Su sueldo es mayor que el de un perfil júnior y tiene autonomía suficiente como para tomar decisiones ante grandes retos. Conoce las tareas y procesos que pueden ir surgiendo, al igual que a los clientes, y suelen ser referentes para el resto del equipo.

Sin embargo, es cierto que a veces estos perfiles necesitan actualizarse digitalmente porque puede que no hayan recibido esa formación desde un primer momento, como ocurre con los perfiles júnior. En un mundo tan digitalizado, esta actualización es más que necesaria.

¿Qué debo tener en cuenta antes de elegir un perfil júnior o un perfil sénior?

Veamos cómo podría actuar cada uno en diferentes situaciones. Por ejemplo, una persona con un perfil sénior puede tener ciertas tareas tan interiorizadas que no se plantea ninguna pregunta sobre ellas. Sin embargo, un perfil júnior puede hacerse más preguntas sobre su trabajo, sobre los procesos o sobre las funciones porque no las termina de conocer a fondo.

Pongamos que un perfil sénior está acostumbrado a hacer un documento excel nuevo, partiendo de 0, cuando lleva a cabo un proceso interno, el que sea. Es posible que el perfil júnior, cuando le encargan que haga esa tarea, pregunte si existe alguna plantilla. La respuesta será que no, no existe una plantilla, pero puede ser que a partir de su pregunta se cree una. Este es un ejemplo muy sencillo y básico, pero se puede extrapolar a otro tipo de situaciones.

Así pues, para saber cuál se adapta mejora nuestras necesidades, habrá que analizar el puesto que cubriría dicha persona y las funciones que va a llevar a cabo. Además, deberíamos analizar si hay alguien que pueda formar a esa persona, porque hay tiempo y contamos con ese rol formador dentro del equipo, o si no es posible.

Este caso es muy interesante porque no solo estamos transmitiendo los conocimientos de un perfil sénior a un perfil júnior, sino que, además, estamos transmitiendo la cultura de empresa. Una persona que lleva cierto tiempo en la empresa la conoce perfectamente y puede transmitir los valores más importantes.

Otro aspecto a tener en cuenta es que la vida de la empresa puede ser mayor que la vida laboral del equipo y si queremos que siga funcionando bien, habrá que incluir a perfiles júnior que aprendan de los sénior regularmente. Los perfiles que ahora son júnior son nuestros próximos líderes.

Entonces, ¿me quedo con un perfil júnior o un perfil sénior?

Solo hay una respuesta para esto: depende. Cada empresa es un mundo diferente y las situaciones que tienen que afrontar son distintas, por lo que las soluciones ante la necesidad de personal también lo son.

Quizá, en un primer momento pensemos que lo mejor es un perfil sénior, porque son los que más confianza nos dan de primeras, pero luego, valorando candidatos, podemos encontrar un perfil júnior con potencial suficiente y que nos encaja. Nunca debemos cerrarnos a ninguna de las dos opciones porque son igualmente válidas.

Si buscamos que nuestra empresa tenga continuidad en el tiempo es necesario entender que la vida de la empresa supera, casi siempre, la vida laboral de los empleados y que debemos renovar el equipo. Por eso, es bueno incorporar perfiles júnior que se amolden a nuestra forma de trabajar y a la cultura y valores de nuestra empresa y que aprendan de nuestros propios perfiles sénior.

 

En resumen, antes de anteponer un tipo de perfil a otro, es una buena idea analizar la situación actual de la empresa y ver qué opción encaja mejor. Sin embargo, este análisis debe ser lo más objetivo posible porque muchas veces preferimos un tipo u otro inconscientemente. Pero, elijamos el perfil que elijamos, ambos perfiles nos pueden aportar características diferentes que ayuden a que nuestra empresa avance. De hecho, combinar ambos perfiles en nuestro equipo puede ser la mejor opción.